Vecinos del Cordón relataron lo que es vivir hoy al lado de la «boca» de drogas; hablaron de su miedo y de lo que implicaba vivir con robos continuos.
Se nota que la casona tuvo su esplendor hace 60 años. Encima de la puerta principal hay una pequeña simbología de cemento, en cuyo centro se aprecia a un pájaro sin alas y con una corona rodeada de ornamentos. En la parte superior de las ventanas hay adornos más sencillos. Todo eso fue cubierto con una pintura barata de color gris.
A los costados de los ornamentos, ubicados en las partes superiores de las ventanas, hay columnas que ofician de marcos que hacen rememorar al coliseo romano. Ningún espectador puede observar estos detalles en una primer mirada a la fachada de la casa porque hace 15 días la Policía tapió la vivienda, ya que allí funcionaba una boca de drogas.
Según cuentan los vecinos, el declive de la vivienda aparentemente fue también el de una familia. La última integrante del linaje familiar era una señora mayor que padecía de Alzheimer. Hace poco más de un año, un pariente de esta señora llegó a la casa con el eventual propósito de cuidarla. Como había habitaciones de más, el recién llegado tiró unos colchones y sofás. Con ellos armó un “lugar de achique” —allí se aglutinan las personas que consumen y se encuentran bajo los efectos de las drogas— y armó una la boca.
La clientela llegó enseguida y las dos semanas comenzaron los problemas. Propietarios de “bocas” cercanas tomaron represalias porque habían perdido su público.
“La competencia intentó prenderle fuego la casa. Hubo gritos y tiros”, dijo Alberto S., un vecino que vive a poca distancia.
En los primeros seis meses, las disputas con otros traficantes del barrio fueron constantes. Se sucedían corridas, pedreas y griteríos por las noches que molestaban a los vecinos. El dueño de la “boca” se encerraba en su “castillo medieval” y aguantaba estoico las embestidas.
Un día la puja cesó. Los vecinos no saben la causa de ello. Tal vez los traficantes de drogas decidieron llegar a un acuerdo porque cada vez que ellos se enfrentaban venía la Policía y los allanaba. Por ejemplo, la casona fue allanada en dos ocasiones.
Sin embargo, los vecinos observaron que a la cuadra llegaba cada vez más adictos. Luego se desparramaban por las calles Juan Manuel Blanes, Charrúa y Chaná. Es decir, no se separaban mucho de la “boca”.
Una noche, la afluencia de consumidores de pasta base fue superior a la habitual. Como la mayoría de ellos no tenía dinero para pagar dosis de pasta base u otra droga, el traficante les prohibió el ingreso a la “boca”.
Según dijo Julio P., otro vecino, los adictos comenzaron a romper las ventanas a pedradas. Y agregó que el traficante replicaba tirándoles grandes piedras desde la azotea.
Algunas piedras golpearon las fachadas de las casas ubicadas frente a la “boca”.
“En un momento, un grupo de adictos comenzó a trepar las rejas de la casona. Desde la azotea, el traficante les tiró aceite hirviendo. Varias personas resultaron quemadas. Eso ocurrió en el verano pasado”, relató el vecino.
Los adictos se fueron.

