Expertos advierten que futuras sequías pueden arrasar el 2% de la economía uruguaya.

Las carteras de préstamos están expuestas a las vulnerabilidades sectoriales.

Las proyecciones sobre el impacto del cambio climático en la macro-economía de los países son desalentadoras en todo el mundo, y Uruguay no es una excepción.

Según Christopher Evans, economista del Fondo Monetario Internacional (FMI) -quien disertó en las XXXIX Jornadas del Banco Central (BCU) del pasado jueves-, la mayor repercusión del fenómeno climático en el país es por las sequías, mucho más que por las inundaciones que también ocurren, según la época.

Las sequías le costaron a Uruguay al menos el 1% del PIB en los últimos cuatrimestres de 2022 y 2023, según un estudio del FMI sobre el país. Las pérdidas son aún mayores si se toman otros estudios realizados en esta materia, como uno del Banco Mundial, que -basado en un modelo diferente al FMI- determinó que la sequía histórica de 2023 (medida en términos anuales) impactó el 2% del PIB de Uruguay.

“Proyectamos que el efecto podría llegar al 2,4% del PIB en unos años, si no se toman medidas”, lanzó Fernando Giuliano, economista para Uruguay del BM, también ponente en el citado evento.

En términos generales, el BM afirma que los efectos negativos de las sequías podrían aumentar un 20% en Uruguay en los próximos años, aunque esto dependerá también de otros factores.

Giuliano aclaró que las sequías suelen disminuir el PIB anual un 0,2%, pero una vez cada 40 años, la caída del PIB supera el 2% en el país.

“La caída del PIB obedece a la baja del valor agregado del sector agropecuario, que en promedio desciende 2,1% y, cada 40 años, en más de 17%”, afirmó. “Esto se traduce en una caída de las exportaciones de un 0,5% en promedio, y de más de un 4,5% cada 40 años”, agregó el economista.

Explicó que el daño de la sequía es más agudo en la agricultura (por la afectación de los cultivos de estación), pero es más persistente en la ganadería (por vacunos que no nacen).

Según el modelo económico que maneja, el 87% de las pérdidas ocurre en el primer año de la sequía y el resto en el segundo. Y en el caso de la ganadería, el 60% de las pérdidas se dan en el primer año, 30% en el segundo y 10% en el tercero.

Lo cierto es que, en los últimos 20 años, muchos países sufrieron precipitaciones por debajo de la media histórica, lo que ocasionó anomalías recurrentes en el agua disponible de los suelos. En esa línea, Evans señaló que Uruguay es similar a Nueva Zelanda: ambas son economías pequeñas y abiertas al mundo, con un sector agrícola importante y sequías que las afectan.

“Para estos países, recomendamos políticas para mejorar la sostenibilidad del agua”, como forma de mitigar impactos negativos a futuro, apuntó el economista del FMI.

Los expertos diferencian dos tipos de riesgos en relación al cambio climático: los “riesgos físicos” (que son fundamentalmente las sequías y las inundaciones) y los “riesgos de transición” (aquellos cambios en los mercados que se generan a partir del impacto climático, como, por ejemplo, negocios que surgen con el eje en las energías renovables, la creación de impuestos a los combustibles fósiles, o normativas en este tipo de sectores).

“Las proyecciones económicas deben considerar cada vez más los riesgos del cambio climático, porque así se pueden definir mejor las políticas públicas”, instó Juan Labat, coordinador del área Ambiental del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), quien ofició de moderador en el evento del BCU.

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