En función de sondeos de opinión pública, preocupaciones de la fórmula blanca y análisis de la estrategia global, los blancos están arremetiendo contra las gestiones del FA en Montevideo y Canelones.
Una autocrítica que siempre han hecho en el Partido Nacional cuando los dirigentes tienen oportunidad de reflexionar sobre las permanentes derrotas a manos del Frente Amplio en las elecciones departamentales de Montevideo es que comienzan muy tarde a organizar las campañas. Y esto ocurre porque el foco y las energías se ponen por entero en las nacionales de octubre y en el balotaje de noviembre, y porque luego vienen las preocupaciones para el armado del gobierno —lo que sucedió en 2019— o, más seguido, el «pase de facturas» por haber perdido la batalla principal. Y solo meses después, cuando las elecciones de mayo están a la vuelta de la esquina, se arma un proyecto político y se designa un candidato para disputarle la intendencia capitalina a la coalición de izquierda.
Es lo que además pasó claramente hace cinco años, cuando la coalición de gobierno, con la directa participación del recién electo presidente Luis Lacalle Pou y el hoy candidato blanco Álvaro Delgado, decidieron proponer a Laura Raffo como candidata de la coalición «multicolor», algo que se resolvió en una reunión en febrero de 2020, y que fue anunciado el 4 de ese mes por el mandatario.
El panorama que enfrentan ahora los blancos es bastante diferente; no porque se lo haya buscado con tanta anticipación, puesto que Raffo ya en 2022 había optado por embarcarse en un propio proyecto nacional para llegar a la Presidencia —que culminó el 30 de junio, al perder la interna con Delgado— y abandonar un proceso que los nacionalistas creían consolidado, sino por cómo los blancos fueron armando su estrategia a nivel país, junto al vacío particular que dejó la exprecandidata y que el diputado Martín Lema fue aprovechando desde comienzos de este año.

