El cuento del tío se renueva con relatos cada vez más crueles y puestas en escena cada vez más sofisticadas. En el departamento de Maldonado, las autoridades advierten sobre una nueva ola de estafas en las que los delincuentes simulan ser policías, abogados o funcionarios judiciales, apuntando especialmente a personas adultas mayores.
Uno de los casos recientes tuvo como protagonista a Estela Pereira, vecina de San Carlos, quien atendió una llamada en su teléfono fijo cerca de las diez de la mañana. Del otro lado de la línea, un hombre se presentó con nombre y cargo, asegurando llamar desde jefatura. Sabía su nombre y su apellido y le informó que su hijo había protagonizado un grave accidente de tránsito y que sería conducido a fiscalía ese mismo día.
La urgencia del relato, el tono serio y la referencia a una institución oficial buscaban no dejar margen a la duda. Sin embargo, Estela logró mantenerse serena. Con el teléfono fijo en una mano y el celular en la otra, salió hacia la casa de su hijo, que vive contigua a la suya, y lo primero que hizo fue comprobar si la camioneta estaba allí. Al verla estacionada, consultó al supuesto funcionario cuál de sus hijos estaba involucrado. La respuesta fue evasiva: no estaba autorizado a brindar esa información. Minutos después, su nuera confirmó que se trataba de una estafa y el estafador cortó la comunicación.
Según explicó la subcomisaria Silvia Juncal, encargada del departamento de prensa y relaciones públicas de la jefatura de policía de Maldonado, esta modalidad de estafa se encuentra actualmente en plena zafra en el departamento. No es la única que se registra: también se detectan alquileres falsos, transferencias bancarias fraudulentas y clonación de cuentas de WhatsApp.
El conocido “cuento del tío”, ahora presentado como “cuento del nieto” o “del abogado”, se perfecciona constantemente. La fiscal de flagrancia Silvia Pérez señala que los delincuentes cambian el relato, pero mantienen el mismo mecanismo: generar miedo, urgencia y confusión para que la víctima entregue dinero, joyas o incluso retire efectivo del banco.
En el caso de Estela, los estafadores habían llamado previamente a la casa de su hijo. Atendió su nieto, de 13 años, a quien le dijeron que su padre estaba preso y que hablaba su abogado. El adolescente detectó rápidamente la maniobra, aunque las autoridades advierten que no siempre ocurre lo mismo.
Hace algunas semanas, una mujer de 77 años fue estafada en Maldonado. Entregó todos sus ahorros, tomó préstamos, dio su alianza de matrimonio y, días después, debió ser internada. Posteriormente falleció. Si bien la policía aclara que no se puede afirmar que el fallecimiento haya sido consecuencia directa de la estafa, sí se destaca el fuerte impacto emocional y psicológico que este tipo de delitos genera en las víctimas.
Las autoridades coinciden en que el principal perfil de las víctimas son personas adultas mayores. Los delincuentes realizan un trabajo previo de inteligencia, no llaman al azar y analizan nombres, costumbres y formas de comunicarse. El objetivo es aprovechar el miedo y la urgencia emocional ante la supuesta amenaza a un familiar.
Si bien las cifras oficiales muestran una caída interanual de las denuncias de estafas en 2025, desde el ministerio del interior se advierte que se trata de un delito que ha crecido de forma exponencial en la última década. El gerente del área de estadística y criminología aplicada, Diego Sanjurjo, explicó que la entrada en vigencia de la ley de ciberdelincuencia en 2024 modificó la forma de registrar y clasificar estos delitos, generando distorsiones temporales en las estadísticas.
La nueva normativa amplió las herramientas para investigar fraudes informáticos, suplantación de identidad y otros ciberdelitos, permitiendo no solo perseguir a quienes ejecutan las estafas, sino también a quienes facilitan la infraestructura necesaria.
Desde fiscalía advierten que, junto a los tradicionales cuentos del tío, crecen las estafas online: suplantación de bancos y empresas de telecomunicaciones, ventas falsas en redes sociales, transferencias adulteradas y uso de cuentas “mula”. Modalidades diversas, pero con un denominador común: el engaño como herramienta y un impacto profundo en la vida de las víctimas.

