La reciente captura del narcotraficante uruguayo Sebastián Marset en Bolivia y su inmediata extradición a Estados Unidos volvió a poner a Uruguay en el centro de la escena del crimen organizado regional. Aunque su detención ocurrió lejos del país —en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra— sus vínculos con territorio uruguayo nunca desaparecieron y hoy las autoridades siguen de cerca posibles repercusiones de su caída.
El ministro del Interior, Carlos Negro, señaló que el gobierno se mantiene “pendiente” de cualquier eventual reacción de organizaciones criminales vinculadas al narcotraficante. En ese sentido, se reforzó el monitoreo en cárceles y se siguen de cerca movimientos de bandas que podrían tener relación con su estructura.
Según fuentes policiales, Marset continuó operando indirectamente en Uruguay mediante intermediarios o “tenientes”, mientras él consolidaba su poder en el tráfico internacional de cocaína, principalmente a través de rutas vinculadas a la hidrovía Paraná–Paraguay.
Los inicios del “Seba” en Uruguay
Antes de convertirse en uno de los narcotraficantes más buscados del continente, Marset era conocido en el ambiente criminal como “El Seba”, un joven de poco más de 20 años oriundo del barrio Piedras Blancas de Montevideo.
Sus primeros problemas con la Justicia datan de 2013, cuando fue investigado en varias causas casi simultáneamente. La primera fue por receptación, es decir, por ocultar o recibir bienes provenientes de delitos.
Poco después, durante una investigación por una rapiña, la Policía detectó una boca de venta de marihuana donde Marset fue visto ingresando. El allanamiento de su vivienda permitió incautar 15 kilos de marihuana, lo que lo vinculó directamente con actividades de narcotráfico.
Sin embargo, el caso más relevante de esa época fue la llamada Operación Halcón, una investigación que reveló una red dedicada al transporte de marihuana en la región.
La Operación Halcón y el salto al narcotráfico
La investigación comenzó cuando en la cárcel de Las Rosas (Canelones) se incautó el celular de un recluso clave: Juan Domingo “Papacho” Vivero Cartes, tío del expresidente paraguayo Horacio Cartes, quien estaba preso por integrar una organización de tráfico de drogas.
A partir de esa información, la Justicia determinó que Marset participaba de una estructura criminal dedicada al traslado de marihuana, principalmente desde Bella Unión y también desde Buenos Aires.
En total, la operación permitió incautar 172 kilogramos de marihuana.
Según la sentencia judicial, Marset actuaba como “puntero” de otro narcotraficante condenado, Pablo Invernizzi, y llegó a declarar que había adquirido cargamentos de droga por alrededor de 150.000 dólares.
Por esta causa fue finalmente condenado y encarcelado en octubre de 2013.
Un error judicial que cambió el rumbo
El narcotraficante cumplió prisión hasta principios de 2018, cuando fue liberado. Sin embargo, posteriormente se conoció que un error judicial impidió unificar las penas correspondientes a las otras causas abiertas en su contra.
Esto hizo que Marset recuperara la libertad sin cumplir completamente las condenas que correspondían por los delitos anteriores.
En mayo de ese mismo año la Fiscalía intentó revertir la situación solicitando la revocación de su libertad, pero luego de varios recursos judiciales se determinó que no debía volver a prisión.
Una causa por homicidio y un expediente polémico
Ese mismo año volvió a quedar bajo la lupa judicial, esta vez por el homicidio de un amigo de la infancia en Las Toscas (Canelones).
La Fiscalía de Atlántida tenía mensajes que indicaban que Marset había citado a la víctima al lugar donde fue asesinada. Incluso llegó a ser imputado judicialmente, pero posteriormente el caso terminó con su sobreseimiento por falta de pruebas.
La investigación quedó envuelta en polémica luego de que desapareciera de la carpeta fiscal un audio con la declaración del propio Marset. En 2024, el entonces fiscal de Corte Juan Gómez dispuso un sumario administrativo a una funcionaria de la Fiscalía de Atlántida por irregularidades en el expediente.
El salto al narcotráfico internacional
Tras quedar libre de esa causa, Marset logró salir de Uruguay y establecerse en Paraguay y Bolivia, desde donde comenzó a construir una red internacional de tráfico de cocaína.
Investigaciones de autoridades paraguayas y bolivianas sostienen que en ese proceso aplicó conocimientos adquiridos durante su paso por cárceles uruguayas, donde habría tomado contacto con narcotraficantes de mayor escala.
Con el tiempo, pasó de ser un operador local a convertirse en uno de los principales coordinadores del tráfico de cocaína en la región, supervisando rutas, cargamentos y operadores en distintos países.
Uruguay en alerta
A pesar de su expansión internacional, los investigadores creen que Marset nunca dejó de tener influencia en Uruguay.
Las autoridades manejan la hipótesis de que podría haber tenido vínculos con varios episodios recientes, entre ellos:
La incautación de 2.000 kilos de cocaína en Punta Espinillo.
El atentado contra la Brigada Antidrogas en 2020.
La amenaza contra la fiscal de Corte Mónica Ferrero, firmada por el llamado Primer Cartel Uruguayo (PCU).
Si bien hasta ahora Uruguay no contaba con evidencia suficiente para solicitar su captura, el Ministerio del Interior aseguró que está dispuesto a colaborar con la Justicia estadounidense en caso de que se requiera información sobre su historial criminal en el país.
La caída de Marset marca así un nuevo capítulo en la lucha contra el narcotráfico en la región, pero también reabre el debate sobre cómo un joven delincuente local logró convertirse en uno de los capos más buscados del continente.

