La Ancap presentó a periodistas un panorama actualizado sobre la exploración de hidrocarburos en Uruguay, una actividad que lleva más de cinco décadas sin lograr hallazgos comercialmente explotables, pero que vuelve a generar expectativas por su potencial impacto económico. Actualmente, el país cuenta con siete bloques offshore adjudicados a empresas internacionales como Shell, Chevron, YPF y APA, en un área de unos 250.000 km² en el océano Atlántico. La probabilidad de encontrar hidrocarburos se estima en torno al 25%, aunque existe el riesgo de que no sean comercializables. Una nueva etapa comenzó en 2026 con trabajos de sísmica 3D a carga de Viridien, mientras que para 2027 se prevé la perforación de un pozo exploratorio con una inversión cercana a US$ 270 millones, financiada por privados. Según datos oficiales, entre 2007 y 2026 la exploración ya generó más de US$ 70 millones para Ancap y unos US$ 100 millones en actividad para empresas locales. Sin embargo, el mayor impacto económico se daría en caso de un descubrimiento: un solo yacimiento podría producir unos 400.000 barriles diarios durante 30 años. En ese escenario, se proyectan ingresos por US$ 145.400 millones, con ganancias distribuidas en US$ 41.200 millones para la empresa operadora, US$ 10.300 millones para Ancap (si participa con un 20%) y US$ 46.300 millones para el Estado a través de impuestos y rentas. El Estado captaría valor mediante tres vías: participación en la producción, utilidades de Ancap y el Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas (IRAE), alcanzando hasta un 60% del total del proyecto. De concretarse un hallazgo en 2027, la producción comenzaría hacia 2036. El tema genera debate por su posible impacto ambiental y en sectores como la pesca y el turismo. Mientras organizaciones marítimas cuestionan los beneficios, Ancap sostiene que no existe evidencia concluyente de efectos negativos por la sísmica y cita ejemplos como Río de Janeiro, donde conviven explotación petrolera y actividad turística. Desde el punto de vista energético, la empresa afirma que la eventual producción no modificaría la matriz renovable del país, sino que fortalecería la soberanía energética. Actualmente, Uruguay mantiene un consumo superior a 45.000 barriles diarios, mientras que la biomasa y el petróleo lideran la matriz energética. Aunque los antecedentes —como los pozos exploratorios realizados en 1976 y 2016— no lograron resultados positivos, el avance tecnológico y el interés internacional mantienen vigente la apuesta por encontrar petróleo en el subsuelo marino uruguayo.
Búsqueda de petróleo en Uruguay: millonaria inversión y expectativa económica La Ancap presentó a periodistas un panorama actualizado sobre la exploración de hidrocarburos en Uruguay, una actividad que lleva más de cinco décadas sin lograr hallazgos comercialmente explotables, pero que vuelve a generar expectativas por su potencial impacto económico. Actualmente, el país cuenta con siete bloques offshore adjudicados a empresas internacionales como Shell, Chevron, YPF y APA, en un área de unos 250.000 km² en el océano Atlántico. La probabilidad de encontrar hidrocarburos se estima en torno al 25%, aunque existe el riesgo de que no sean comercializables. Una nueva etapa comenzó en 2026 con trabajos de sísmica 3D a cargo de Viridien, mientras que para 2027 se prevé la perforación de un pozo exploratorio con una inversión cercana a US$ 270 millones, financiada por privados. Según datos oficiales, entre 2007 y 2026 la exploración ya generó más de US$ 70 millones para Ancap y unos US$ 100 millones en actividad para empresas locales. Sin embargo, el mayor impacto económico se daría en caso de un descubrimiento: un solo yacimiento podría producir unos 400.000 barriles diarios durante 30 años. En ese escenario, se proyectan ingresos por US$ 145.400 millones, con ganancias distribuidas en US$ 41.200 millones para la empresa operadora, US$ 10.300 millones para Ancap (si participa con un 20%) y US$ 46.300 millones para el Estado a través de impuestos y rentas. El Estado captaría valor mediante tres vías: participación en la producción, utilidades de Ancap y el Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas (IRAE), alcanzando hasta un 60% del total del proyecto. De concretarse un hallazgo en 2027, la producción comenzaría hacia 2036. El tema genera debate por su posible impacto ambiental y en sectores como la pesca y el turismo. Mientras organizaciones marítimas cuestionan los beneficios, Ancap sostiene que no existe evidencia concluyente de efectos negativos por la sísmica y cita ejemplos como Río de Janeiro, donde conviven explotación petrolera y actividad turística. Desde el punto de vista energético, la empresa afirma que la eventual producción no modificaría la matriz renovable del país, sino que fortalecería la soberanía energética. Actualmente, Uruguay mantiene un consumo superior a 45.000 barriles diarios, mientras que la biomasa y el petróleo lideran la matriz energética. Aunque los antecedentes —como los pozos exploratorios realizados en 1976 y 2016— no lograron resultados positivos, el avance tecnológico y el interés internacional mantienen vigente la apuesta por encontrar petróleo en el subsuelo marino uruguayo.