Brasil permanece en estado de alerta frente a la llegada de un episodio de El Niño que podría convertirse en uno de los más intensos de los últimos años, según proyecciones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Las autoridades brasileñas ya comenzaron a adoptar medidas preventivas para reducir el impacto de posibles inundaciones, tamaños de tierra, sequías e incendios forestales. De acuerdo con la actualización climática de la OMM correspondiente a junio de 2026, los modelos internacionales prevén una rápida evolución hacia un evento intenso entre julio y septiembre, con una anomalía de aproximadamente 2 °C en la temperatura superficial del océano Pacífico, un valor característico de un El Niño de gran magnitud. Históricamente, este fenómeno provoca lluvias superiores a lo normal en los estados del sur de Brasil, especialmente en Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, mientras que favorece períodos de sequía y temperaturas más elevadas en la región norte y parte del nordeste brasileño. Las autoridades mantienen un monitoreo permanente tras la catástrofe ocurrida en Rio Grande do Sul en 2024 y otros eventos extremos registrados en distintas zonas del país, que dejaron importantes pérdidas humanas y materiales. Como parte de las acciones preventivas, el estado de Santa Catarina declaró la alerta climática mediante un decreto que agiliza la respuesta ante posibles inundaciones y crecientes de tierra. Por su parte, el estado de Amazonas decretó una emergencia climática preventiva enfocada en el riesgo de incendios forestales y sequías extremas. Estas permiten reducir la burocracia para activar recursos, contratar obras y desplegar equipos de respuesta de medidas de forma inmediata cuando se registren situaciones críticas. Sin embargo, los especialistas advierten que, además de las respuestas de emergencia, aún falta avanzar en políticas de prevención a largo plazo. Entre ellas mencionan la reubicación de poblaciones asentadas en zonas inundables, la construcción de obras de contención, mejoras en los sistemas de drenaje urbano y el mantenimiento de la infraestructura existente. Un estudio de la Confederación Nacional de Municipios estimó que los desastres naturales ocasionaron pérdidas cercanas a 732.000 millones de reales entre 2013 y 2024, con un promedio superior a 61.000 millones de reales por año. Diversos organismos internacionales, entre ellos la ONU, el Banco Mundial y la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de Estados Unidos (FEMA), sostienen que cada unidad monetaria invertida en prevención puede evitar entre cuatro y siete veces ese monto en pérdidas económicas durante un desastre. Las preocupaciones también alcanzan al abastecimiento de agua. En São Paulo, el Sistema Cantareira, que suministra agua a unos 6,5 millones de personas, registra niveles inferiores al 40% de su capacidad, mientras que en Río de Janeiro también se mantiene un seguimiento permanente de los embalses ante la posibilidad de que El Niño intensifique los fenómenos extremos en los próximos meses. Las autoridades brasileñas coinciden en que la preparación anticipada será clave para minimizar los impactos de un fenómeno climático que podría afectar a buena parte del país durante el segundo semestre del año.
Brasil se mantiene en alerta ante la llegada de un intenso fenómeno de El Niño Brasil permanece en estado de alerta frente a la llegada de un episodio de El Niño que podría convertirse en uno de los más intensos de los últimos años, según proyecciones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Las autoridades brasileñas ya comenzaron a adoptar medidas preventivas para reducir el impacto de posibles inundaciones, deslizamientos de tierra, sequías e incendios forestales. De acuerdo con la actualización climática de la OMM correspondiente a junio de 2026, los modelos internacionales prevén una rápida evolución hacia un evento intenso entre julio y septiembre, con una anomalía de aproximadamente 2 °C en la temperatura superficial del océano Pacífico, un valor característico de un El Niño de gran magnitud. Históricamente, este fenómeno provoca lluvias superiores a lo normal en los estados del sur de Brasil, especialmente en Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, mientras que favorece períodos de sequía y temperaturas más elevadas en la región norte y parte del nordeste brasileño. Las autoridades mantienen un monitoreo permanente tras la catástrofe ocurrida en Rio Grande do Sul en 2024 y otros eventos extremos registrados en distintas zonas del país, que dejaron importantes pérdidas humanas y materiales. Como parte de las acciones preventivas, el estado de Santa Catarina declaró la alerta climática mediante un decreto que agiliza la respuesta ante posibles inundaciones y deslizamientos de tierra. Por su parte, el estado de Amazonas decretó una emergencia climática preventiva enfocada en el riesgo de incendios forestales y sequías extremas. Estas medidas permiten reducir la burocracia para activar recursos, contratar obras y desplegar equipos de respuesta de forma inmediata cuando se registren situaciones críticas. Sin embargo, especialistas advierten que, además de las respuestas de emergencia, aún falta avanzar en políticas de prevención a largo plazo. Entre ellas mencionan la reubicación de poblaciones asentadas en zonas inundables, la construcción de obras de contención, mejoras en los sistemas de drenaje urbano y el mantenimiento de la infraestructura existente. Un estudio de la Confederación Nacional de Municipios estimó que los desastres naturales ocasionaron pérdidas cercanas a 732.000 millones de reales entre 2013 y 2024, con un promedio superior a 61.000 millones de reales por año. Diversos organismos internacionales, entre ellos la ONU, el Banco Mundial y la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de Estados Unidos (FEMA), sostienen que cada unidad monetaria invertida en prevención puede evitar entre cuatro y siete veces ese monto en pérdidas económicas durante un desastre. Las preocupaciones también alcanzan al abastecimiento de agua. En São Paulo, el Sistema Cantareira, que suministra agua a unos 6,5 millones de personas, registra niveles inferiores al 40% de su capacidad, mientras que en Río de Janeiro también se mantiene un seguimiento permanente de los embalses ante la posibilidad de que El Niño intensifique los fenómenos extremos en los próximos meses. Las autoridades brasileñas coinciden en que la preparación anticipada será clave para minimizar los impactos de un fenómeno climático que podría afectar a buena parte del país durante el segundo semestre del año.