El gobierno de Yamandú Orsi sigue con atención el nuevo escenario político brasileño tras la primera vuelta electoral, en la que Flávio Bolsonaro se impuso sobre Luiz Inácio Lula da Silva y quedó como favorito para el balotaje del 25 de octubre.
La elección generó sorpresa en el Ejecutivo y abrió interrogantes sobre el futuro de las relaciones bilaterales, especialmente en materia comercial y respecto al Mercosur. El gobierno uruguayo espera conocer la eventual conformación del gabinete de Bolsonaro para determinar cuál será la orientación de su política exterior.
Orsi y el canciller Mario Lubetkin insisten en separar la posición del gobierno de la del Frente Amplio, que manifestó públicamente su respaldo a Lula. El presidente sostuvo que las afinidades personales o ideológicas no deben interferir en las relaciones entre Estados y aseguró que Uruguay mantendrá una política de Estado y diálogo con cualquiera de los gobiernos de la región.
Desde el Frente Amplio, dirigentes como Fernando Pereira, Liliam Kechichian y Gustavo González reconocieron abiertamente la cercanía política con Lula y expresaron preocupación por el resultado electoral, aunque mantienen expectativas de revertir la tendencia en el balotaje.
En la oposición, en cambio, cuestionaron la cercanía del oficialismo con Lula y reclamaron mayor cautela y equidistancia en la política exterior uruguaya.
Uno de los principales focos de preocupación para el gobierno es el futuro del Mercosur, ante las señales de Bolsonaro a favor de una mayor flexibilidad del bloque y la posibilidad de cambios en la política comercial brasileña.

