Fernando Pereira, presidente de la oposición, destacó «la cantidad de observadores» que estarán este domingo en el país caribeño y resaltó que serán elecciones que «pueden considerarse transparentes»
Aquella definición política que estableció en 2019 el expresidente colorado Julio María Sanguinetti acerca de que el sistema político uruguayo podía dividirse entre quienes creen que en Venezuela hay una dictadura y los que calificaban al régimen de Nicolás Maduro como democracia, parece haber cristalizado con el tiempo en una premisa inamovible de este oficialismo, y en particular en filas del Partido Nacional.
Porque otra vez, como ha ocurrido a lo largo de este período de gobierno pero en estos días de campaña electoral con insistencia, los blancos trajeron esta semana nuevamente esta discusión a colación, con un motivo concreto: el gobierno de Caracas se enfrentará a una prueba de fuego este domingo, con elecciones que sigue el mundo entero, y que arrastra desde ya problemas importantes sobre su legitimidad, como por ejemplo la existencia de presos políticos.
Uruguay ya se sumó la semana pasada a una declaración conjunta con otros Estados de la región en la que se exigió el cese del «hostigamiento, persecución y represión» y la liberación de los detenidos. Y el ministro de Relaciones Exteriores, Omar Paganini, se encuentra en permanente contacto con la embajadora de Uruguay en Caracas, Silvana Montes de Oca, quien ya está acreditada como diplomática aunque no ha sido recibida por Maduro.
De cualquier forma, en la Cancillería se observa «un clima enrarecido», según señalaron fuentes de esa cartera, aunque se monitorea todo con cautela y se aguardará a conocer el resultado electoral de este domingo antes de tomar un pronunciamiento definitivo sobre lo que ocurra.
La postura oficial del gobierno de Lacalle Pou es y ha sido clara, y Paganini la recordó este lunes, en declaraciones a la prensa realizadas luego del plenario de la lista 404 del Partido Nacional. El canciller se mostró allí muy «preocupado» por la «persecución a personas de la oposición» y el «hostigamiento» contra quienes desafían al régimen, y afirmó que tomó nota de la preocupación manifestada por el presidente brasileño Luiz Ináciio Lula Da Silva, quien dijo haberse «asustado» por el «baño de sangre» que prometió Maduro en caso de perder.
«No hay duda de que se trata de un proceso que puede terminar en una apertura democrática, que es lo que hay que apoyar —afirmó Paganini—. (Pero) no se entiende cómo todavía hay personas en Uruguay que apoyan este régimen», y se refirió así a «algunos dirigentes del Frente Amplio».
En la coalición de izquierda no ha habido un pronunciamiento orgánico reciente sobre el proceso venezolano. Habló esta semana el candidato Yamandú Orsi, quien se refirió a la necesidad de que haya «elecciones limpias» y que se respete «el veredicto de las urnas», pero también puso el foco en que «hay que meterse bastante menos en asuntos ajenos de los países».
Pero la postura de fondo que tiene al respecto esta fuerza política sigue contrastando con la del oficialismo.

