La historia de Briscio, el niño de Casupá que vendió maní para cumplir el sueño del caballo propio.

“Briscio adora a los animales, tiene sus gallinas, tiene un cordero que lo llevamos siempre con nosotros cuando viajamos a Cerro Colorado, él va a la escuela 17 de Cerro Colorado y tiene como objetivo estudiar en una escuela agraria”, contó Silvina.

Un actor principal en esta historia es un amigo de la familia, Milton Franco, de profesión rematador y referente en el empresariado rural.

Franco es el dueño de un escritorio con sede en San Jacinto, Canelones, que lleva su nombre desde que lo creó en 1989.

Hace un tiempo, Franco se enteró del sueño del niño, tener su caballo e ir a una escuela agraria, y le hizo llegar un consejo, recordó Silvina: que de lunes a viernes estudie, que eso es lo principal, y que el caballo era para tenerlo como compañía y disfrutarlo, pero los fines de semana.

“Hace unos dos meses, un sábado de invierno, hacía mucho frío y seríamos 20 personas en el Hipódromo de Maroñas, adonde fui a ver correr un caballo mío. El niño se me arrima, me da un beso y los padres me explican sobre su pasión por los caballos y me piden permiso para que el niño vendiera maní en la feria del Local Casupá para juntar dinero y comprarse uno”.

Franco no solo dio el aval, también les dijo que solo debían llegado el momento pagar el valor del caballo en el remate, dado que el escritorio no cobraría nada por su servicio.

“Usted junte la platita y lo va pagando como pueda”, le dijo el rematador al niño.

Silvina recordó aquella ida a Maroñas: “Briscio tenía la ilusión de ir a Maroñas, nunca había estado ahí, lo llevamos engañado… le dijimos que íbamos a Montevideo a un cumpleaños y lo llevamos al hipódromo, no podía creerlo”.

El rematador, ese día del remate, durante su trabajo solicitó al público que colabore con la iniciativa, comprándole maní a Briscio, lejos de saber el desenlace de la historia.

En determinado momento sale a la venta un tordillo, que tiene ocho años, de cola corta, Angloárabe, que estaba montado por un empleado del local feria que trabajaba con los terneros en la pista.

Tras una puja, el equino fue adquirido por Bernardo Vasconcellos, un cliente de muchos años en la firma rematadora, de Empalme Olmos, que lo compró a distancia, ofertando por teléfono y pagó US$ 710 por él.

En cierto momento uno de los asistentes del rematador se le arrima y le avisa que el comprador hizo la inversión, pero no para quedarse con el caballo, sino para obsequiárselo al niño.

El chiquilín justo no estaba al costado de la pista, había ido al baño y al volver se enteró y no podía creerlo, contó Franco: «No paraba de llorar de la emoción», agregó.

“Una señora de Fraile Muerto le regaló una montura completa, un señor de Canelones una cabezada y rienda de cuero de búfalo, un señor de Durazno un recado completo, una familia de San Jacinto otro recado completo, hay gente de la zona mía que le va a llevar 10 o 20 fardos, otra persona que tiene fábrica de raciones le va a mandar la ración para un mes”, detalló.

Silvina, la mamá de Briscio, al final de la charla con El Observador señaló una actitud que la familia tuvo, “un homenaje que correspondía, el caballo se llama Don Bernardo, en homenaje al señor que se lo regaló a Briscio”.

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