La Plaza Independencia fue escenario este martes de una convocatoria tan inesperada como llamativa. Un pequeño grupo de adolescentes, identificados como “therians”, generó sorpresa, curiosidad y una gran concentración de público en pleno centro de Montevideo, en un fenómeno que tuvo su origen en la viralidad de las redes sociales.
Los therians son jóvenes que utilizan máscaras de animales, confeccionadas en su mayoría de forma artesanal, e imitan comportamientos asociados a esas especies. Aunque eran apenas un puñado dentro de una multitud mayoritariamente compuesta por adolescentes, turistas y trabajadores de la prensa, se convirtieron rápidamente en el centro de atención, rodeados por personas que les pedían fotos, videos o breves entrevistas.
La convocatoria comenzó como una broma en TikTok, cuando una adolescente uruguaya comentó en un video que lamentaba la ausencia de therians en el país, luego de que el fenómeno se hiciera visible en Argentina. La repercusión fue tal que decidió organizar una juntada en la plaza, prevista para el 10 de febrero a las 15:00. El segundo video superó las 200 mil reproducciones y terminó transformando la idea en un encuentro real.
“Hubo un momento en que me asusté porque sentía que la Plaza Independencia iba a quedar chica”, relató Manuela Abelenda en entrevista con El País, un día antes del evento.
A la hora señalada, y bajo un sol intenso, la plaza estaba colmada. Aunque los therians eran minoría, se mostraron abiertos y dispuestos a interactuar con el público. Uno de ellos, de 13 años, contó que comenzó a identificarse como therian hace apenas dos meses, luego de conocer el concepto por redes sociales. “Siento una conexión espiritual con un animal”, explicó, y señaló que, si bien su entorno cercano lo acepta, muchas veces percibe rechazo social.
Otra adolescente, de 12 años, afirmó que para ella el movimiento es una comunidad “muy linda”, en la que se siente conectada, aunque no tenga amigos therians en Uruguay. Un joven de 16 años aclaró que en su caso se trata de un hobby y no de una identidad, mientras que otro adolescente de 14 años relató que fabrica sus máscaras con materiales reciclados y que vive esta práctica como un espacio recreativo.
Durante la tarde, los jóvenes bailaron, se sacaron fotos, grabaron videos y compartieron momentos con desconocidos. “Me pone muy contento que la gente se lo tome como algo divertido y no me excluya”, expresó uno de ellos.
Desde la academia, el antropólogo Nicolás Guigou, docente de la Universidad de la República, relativizó el impacto del fenómeno y lo definió como una construcción identitaria juvenil de alcance global. Señaló que estas expresiones están vinculadas a una redefinición de la relación entre lo humano y lo animal, así como a una pérdida de centralidad de la figura humana como referencia identitaria.
Por su parte, el psicoanalista Santiago Silberman advirtió sobre la necesidad de no patologizar de forma automática este tipo de manifestaciones. En una columna publicada en El País, sostuvo que la extrañeza no es un criterio clínico y que solo puede hablarse de patología cuando existe sufrimiento significativo o pérdida del juicio de realidad. Asimismo, llamó a la prudencia y a la escucha, recordando que la historia de la salud mental está marcada por diagnósticos que hoy resultan erróneos o estigmatizantes.
De esta manera, el encuentro de los therians en la Plaza Independencia dejó en evidencia una expresión juvenil emergente que, lejos de la caricatura o el escándalo, abre interrogantes sobre identidad, comunidad y el impacto de las redes sociales en las nuevas generaciones.

