EL MERCADO DE TRABAJO en Uruguay mostró durante 2025 un comportamiento claramente alineado con la evolución de la actividad económica, con un primer semestre de fuerte dinamismo y un segundo tramo del año marcado por una notoria desaceleración. En el balance anual, el empleo volvió a crecer, aunque con señales de agotamiento hacia el cierre del período.
SEGÚN LAS ESTIMACIONES disponibles, a lo largo del año se crearon en promedio unos 27 mil puestos de trabajo respecto a 2024, consolidando un nuevo ejercicio de expansión del empleo. Los sectores que lideraron la generación de puestos fueron la Enseñanza, las Actividades Profesionales y el sector de Información y Comunicación, todos ellos asociados a mayores niveles de calificación.
EN CONTRAPARTIDA, sectores intensivos en mano de obra como el Comercio, la Industria y el Servicio Doméstico comenzaron a mostrar señales de enfriamiento. Este último profundizó una tendencia descendente que se arrastra desde al menos 2012, ubicándose en niveles de empleo apenas superiores a los registrados durante la pandemia.
EN MATERIA DE CALIDAD DEL EMPLEO, el panorama fue mixto. Aproximadamente el 65% de los nuevos puestos creados correspondieron a empleo formal, aunque en términos absolutos la cantidad de empleos registrados fue menor a la observada en años previos. La tasa de no registro a la seguridad social se ubicó por encima del cierre de 2024 y mostró una evolución particular: empeoró durante el primer semestre y mejoró en la segunda mitad del año. El subempleo, en tanto, descendió respecto a fines del año anterior.
SIN EMBARGO, la trayectoria no fue homogénea. A partir de julio, con una economía que comenzó a mostrar un crecimiento mínimo o incluso nulo, los indicadores laborales reflejaron un cambio de tendencia. Los datos desestacionalizados muestran una caída sostenida del número de ocupados desde el segundo semestre, mientras que las tasas de empleo y actividad retrocedieron hasta ubicarse en niveles similares a los del cierre de 2024. El desempleo, que en julio había alcanzado su mínimo desestacionalizado desde 2015, repuntó y se situó en 7,6% en diciembre.
AL DESAGREGAR por regiones, la mayor moderación del empleo se registró en Montevideo, mientras que en el interior del país la caída fue menos pronunciada, reduciendo la brecha histórica entre ambas zonas.
UN FACTOR CLAVE en esta dinámica fue la 11ª ronda de negociación colectiva y las pautas salariales definidas durante 2025. Los lineamientos establecieron incrementos reales significativos para los salarios más bajos, aumentos reales más moderados para una franja intermedia y ajustes por inflación para los salarios más altos. Si bien el objetivo distributivo fue claro, estas pautas implicaron riesgos en un contexto de baja productividad y cambios en la composición sectorial del empleo.
OTRO ELEMENTO determinante fue la evolución de la inflación, que cerró por debajo de lo proyectado, junto con la eliminación de los correctivos salariales simétricos. En paralelo, desde el Banco Central del Uruguay se planteó la posibilidad de avanzar hacia metas de inflación más exigentes. En este escenario, los aumentos del salario real por encima de lo previsto generaron tensiones adicionales sobre el empleo.
A ESTO SE SUMÓ un deterioro del clima de negocios, alimentado por el debate en torno a cambios impositivos y señales contradictorias desde la política laboral, como la discusión sobre la reducción de la jornada laboral sin contemplar la productividad o anuncios vinculados a despidos impulsados desde el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Estos factores contribuyeron a revertir, en el segundo semestre, el ciclo positivo que el empleo venía mostrando desde la salida de la pandemia.
DE CARA A 2026, los analistas prevén una mayor moderación del mercado laboral, especialmente durante el primer semestre. Si bien la creación de empleo continuaría, lo haría a un ritmo menor que en 2025 e incluso con algunos meses puntuales de destrucción neta de puestos de trabajo. La masa salarial seguiría creciendo, impulsada principalmente por el componente salarial más que por el empleo.
NO OBSTANTE, persisten desafíos estructurales relevantes. El desempleo juvenil continúa siendo al menos 20 puntos porcentuales superior al de los adultos y se mantienen brechas significativas en el acceso al empleo entre hombres y mujeres, factores que podrían amplificar las tensiones en un escenario menos favorable.
FINALMENTE, los especialistas coinciden en que, de cara a la próxima década, el debate central deberá enfocarse en una reforma laboral moderna que contemple los costos de contratación y despido y que incorpore las heterogeneidades entre empresas al momento de negociar salarios. Sin estos cambios, advierten, el margen de mejora del mercado de trabajo seguirá siendo limitado, incluso en contextos de crecimiento económico.

