La administración de Donald Trump decidió mantener bajo reserva el nuevo marco federal destinado a evaluar los riesgos de los modelos de Inteligencia Artificial de frontera, generando cuestionamientos sobre la transparencia del proceso.
El esquema fue desarrollado a partir de una orden ejecutiva firmada el 2 de junio y contó con la participación de organismos como los departamentos del Tesoro y Comercio, además de autoridades vinculadas a la ciberseguridad y la seguridad nacional.
Aunque la Casa Blanca confirmó que el marco fue terminado dentro del plazo establecido, no publicó el documento ni sus criterios técnicos, que fueron compartidos de manera privada con algunas de las principales empresas del sector, entre ellas OpenAI, Anthropic, Google, Meta y Nvidia.
Uno de los aspectos centrales del sistema sería su aplicación principalmente a modelos propietarios o cerrados, mientras que los denominados modelos open-weight quedarían fuera de este mecanismo de evaluación.
La administración estadounidense sostiene que los modelos abiertos presentan riesgos diferentes y que imponerles controles adicionales podría perjudicar la innovación y la competitividad de Estados Unidos frente a otros países.
El nuevo esquema busca identificar posibles amenazas relacionadas con la ciberseguridad, infraestructura crítica y seguridad nacional, pero su carácter confidencial abrió un debate sobre cómo garantizar una supervisión efectiva sin conocer públicamente las reglas que deberán cumplir las compañías.
La decisión refleja el desafío que enfrenta Washington para equilibrar seguridad nacional, innovación y liderazgo tecnológico en una carrera global donde la Inteligencia Artificial ocupa un papel cada vez más estratégico.
Estados Unidos mantiene en reserva su nuevo marco para evaluar los modelos de IA más avanzados La administración de Donald Trump decidió mantener bajo reserva el nuevo marco federal destinado a evaluar los riesgos de los modelos de Inteligencia Artificial de frontera, generando cuestionamientos sobre la transparencia del proceso. El esquema fue desarrollado a partir de una orden ejecutiva firmada el 2 de junio y contó con la participación de organismos como los departamentos del Tesoro y Comercio, además de autoridades vinculadas a la ciberseguridad y la seguridad nacional. Aunque la Casa Blanca confirmó que el marco fue terminado dentro del plazo establecido, no publicó el documento ni sus criterios técnicos, que fueron compartidos de manera privada con algunas de las principales empresas del sector, entre ellas OpenAI, Anthropic, Google, Meta y Nvidia. Uno de los aspectos centrales del sistema sería su aplicación principalmente a modelos propietarios o cerrados, mientras que los denominados modelos open-weight quedarían fuera de este mecanismo de evaluación. La administración estadounidense sostiene que los modelos abiertos presentan riesgos diferentes y que imponerles controles adicionales podría perjudicar la innovación y la competitividad de Estados Unidos frente a otros países. El nuevo esquema busca identificar posibles amenazas relacionadas con la ciberseguridad, infraestructura crítica y seguridad nacional, pero su carácter confidencial abrió un debate sobre cómo garantizar una supervisión efectiva sin conocer públicamente las reglas que deberán cumplir las compañías. La decisión refleja el desafío que enfrenta Washington para equilibrar seguridad nacional, innovación y liderazgo tecnológico en una carrera global donde la Inteligencia Artificial ocupa un papel cada vez más estratégico.