El BCU subió la tasa de interés al 6% para contener la inflación

El Banco Central del Uruguay (BCU) resolvió por unanimidad elevar la tasa de política monetaria del 5,75% al 6%, poniendo fin a siete meses sin cambios. La decisión busca preservar las expectativas de inflación y asegurar que los precios converjan al objetivo de 4,5% en un horizonte de dos años.

La medida fue considerada razonable y preventiva por varios economistas, aunque existen diferencias sobre la posibilidad de nuevos aumentos en los próximos meses.

El organismo explicó que la inflación interanual alcanzó el 4,7% en setiembre, impulsada principalmente por el encarecimiento de frutas, verduras, combustibles y bienes importados. Sin embargo, señaló que no se observan presiones inflacionarias generalizadas.

También advirtió sobre los riesgos internacionales, particularmente las tensiones geopolíticas que presionan los precios de la energía y otras materias primas, así como el aumento de las tasas de interés en las principales economías.

Marcelo Sibille, de KPMG, consideró que mantener la tasa sin cambios podía transmitir una señal de relajamiento monetario y afectar las expectativas de inflación. Ramón Pampín, de PwC, coincidió en que se trata de una medida preventiva frente a los aumentos de precios derivados de factores externos y de oferta.

Pampín no descartó un nuevo ajuste de 25 puntos básicos durante el primer trimestre de 2027 si persisten las presiones internacionales. Por su parte, Alejandro Vallcorba, de Exante, sostuvo que no necesariamente se inicia un ciclo de endurecimiento monetario significativo, debido a que las expectativas permanecen relativamente estables y la actividad económica muestra un desempeño moderado.

El economista José Antonio Licandro consideró que la decisión sorprendió parcialmente al mercado, aunque entendió que constituye una señal adecuada para reafirmar el compromiso del BCU con la estabilidad de precios. También estimó posibles ajustes adicionales en noviembre y diciembre.

El Banco Central aclaró que la suba no pretende revertir directamente el impacto de los aumentos de energía y alimentos, sino evitar que se trasladen al resto de los precios y se incorporen a las expectativas inflacionarias.

El organismo prevé que la inflación permanezca transitoriamente por encima de la meta, dentro del rango de tolerancia, y que posteriormente converja al 4,5%. Mientras tanto, mantendrá una política monetaria expansiva, procurando equilibrar el control de los precios con la evolución de la actividad económica.

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