En el primer semestre de 2026, la pobreza en Uruguay cayó 2,9 puntos porcentuales respecto al mismo período de 2025, situándose en un 11,6% de los hogares y un 14,8% de las personas. El descenso —estadísticamente significativo— implicó que unas 95.000 personas salieran de esta condición. Detrás de estos números convergen decisiones internas y un inesperado factor internacional: las políticas comerciales de Donald Trump.
Según explicó el economista Matías Brum (FCEA), las políticas arancelarias y comerciales del mandatario estadounidense impulsaron una baja global del dólar que salpicó de forma indirecta a la economía uruguaya. «Trump tiene un 10%, 15% de responsabilidad de lo que podría haber pasado con la pobreza infantil», afirmó, al detallar cómo la debilidad de la divisa provocó un «shock desinflacionario» que tomó por sorpresa al mercado.
Este escenario de menor inflación potenció el rendimiento de los sueldos en el bolsillo de los trabajadores. El Banco Central del Uruguay (BCU) aprovechó la coyuntura para afianzar la baja de precios, mientras que los Consejos de Salarios priorizaron aumentos para los ingresos más sumergidos (inferiores a $30.000 o$ 35.000). Esta combinación convirtió al incremento de los ingresos laborales en el motor principal del fenómeno, explicando cerca de dos tercios de la reducción total.
El tercio restante correspondió a transferencias como el Bono Crianza del Mides y el ajuste de jubilaciones mínimas, junto con un aumento en la ocupación laboral dentro de los hogares más poblados. Esto último impulsó un marcado descenso de la pobreza infantil: bajó 7,5 puntos porcentuales en menores de seis años y 5,5 puntos en menores de 18.
Pese al resultado, Brum advirtió que el efecto «sorpresa» de la desinflación difícilmente vuelva a repetirse con la misma intensidad. Asimismo, recordó que superar el umbral estadístico de la pobreza —fijado en $ 25.195 para un unipersonal en Montevideo— no implica necesariamente erradicar las carencias cotidianas de las familias.

