Empresa láctea evalúa alquilar la planta de Coleme y abre una esperanza para ex trabajadores.

A pocos días del cierre definitivo de la Cooperativa Lechera de Melo (Coleme), surge una posibilidad que podría generar una nueva oportunidad para parte de los trabajadores afectados y contribuir al mantenimiento de las instalaciones industriales.
Una empresa del sector lácteo manifestó interés en alquilar la planta de Coleme para utilizar principalmente las cámaras de frío y convertir el predio en un centro de distribución para el noreste del país. La iniciativa también contempla la eventual contratación de algunos de los empleados que quedaron sin trabajo tras el cierre de la cooperativa histórica, ocurrido el pasado 3 de junio.
Fuentes vinculadas a la cooperativa indicaron que el alquiler de las instalaciones es visto como una alternativa favorable, ya que permitiría mantener operativa y protegida la infraestructura, además de reducir los elevados costos asociados a la seguridad y conservación del predio.
Mientras tanto, Coleme se prepara para ingresar formalmente en concurso de acreedores. Desde la institución estiman que el proceso podría resolverse de manera similar a lo ocurrido con Calcar, dado que gran parte de la situación financiera ya se encuentra documentada y ordenada. Entre los principales acreedores figuran el Banco República y algunos proveedores de servicios de mantenimiento.
Por otra parte, los productores remitentes de la cooperativa comenzaron a enviar su producción a Conaprole, una alternativa que fue recibida con optimismo por los tamberos debido a las garantías de cobro y al acceso a herramientas de apoyo técnico y financiero a través de Prolesa y Proleco. En ese marco, está prevista una reunión entre representantes de Conaprole y los productores para analizar los pasos a seguir.
El cierre de Coleme marcó el fin de una institución emblemática para el departamento de Cerro Largo. Fundada en 1932, fue la cooperativa láctea más antigua del Uruguay y durante más de 90 años apoyó un papel fundamental en el desarrollo económico y social de la región.
Sin embargo, el desenlace fue el resultado de un prolongado proceso de deterioro productivo y financiero. La cooperativa llegó a contar con más de 70 productores remitentes, pero en los últimos años ese número se redujo drásticamente. Al momento del cierre, apenas 12 productores enviaban leche a la planta, con una recepción diaria cercana a los 6.500 litros, volumen insuficiente para sostener una estructura industrial con unos 30 trabajadores.
A esto se sumaba una compleja situación financiera, con atrasos de aproximadamente seis meses en los pagos a los remitentes y una deuda superior a los 500 mil dólares. Paradójicamente, la empresa mantenía al día el pago de salarios, aportes patronales, servicios públicos y proveedores.
Entre los factores que agravaron la crisis se encontraban la baja escala de producción y los efectos de la estacionalidad de la actividad lechera. Los excedentes generados en primavera debían destinarse a la elaboración de quesos, un producto con tiempos más extensos de maduración y comercialización, lo que dificultaba el flujo de caja de la cooperativa.
Según fuentes del sector, la planta habría sido viable con una recepción diaria de entre 20.000 y 25.000 litros de leche, pero la reducción constante de la remisión terminó por hacer inviable la continuidad del emprendimiento.
Incluso el año pasado existió una propuesta formal de un inversor argentino para adquirir la planta industrial, iniciativa que despertó expectativas pero que finalmente no llegó a concretarse.
Ahora, la posibilidad de que una empresa láctea alquilar las instalaciones aparezca como una señal talentosa en medio de un escenario complejo, con la expectativa de preservar parte de la actividad y generar oportunidades laborales para algunos de los trabajadores afectados por el cierre de la histórica cooperativa melense.

@canaldocemelo

Empresa láctea evalúa alquilar la planta de Coleme y abre una esperanza para ex trabajadores A pocos días del cierre definitivo de la Cooperativa Lechera de Melo (Coleme), surge una posibilidad que podría generar una nueva oportunidad para parte de los trabajadores afectados y contribuir al mantenimiento de las instalaciones industriales. Una empresa del sector lácteo manifestó interés en alquilar la planta de Coleme para utilizar principalmente las cámaras de frío y convertir el predio en un centro de distribución para el noreste del país. La iniciativa también contempla la eventual contratación de algunos de los empleados que quedaron sin trabajo tras el cierre de la histórica cooperativa, ocurrido el pasado 3 de junio. Fuentes vinculadas a la cooperativa indicaron que el alquiler de las instalaciones es visto como una alternativa favorable, ya que permitiría mantener operativa y protegida la infraestructura, además de reducir los elevados costos asociados a la seguridad y conservación del predio. Mientras tanto, Coleme se prepara para ingresar formalmente en concurso de acreedores. Desde la institución estiman que el proceso podría resolverse de manera similar al ocurrido con Calcar, dado que gran parte de la situación financiera ya se encuentra documentada y ordenada. Entre los principales acreedores figuran el Banco República y algunos proveedores de servicios de mantenimiento. Por otra parte, los productores remitentes de la cooperativa comenzaron a enviar su producción a Conaprole, una alternativa que fue recibida con optimismo por los tamberos debido a las garantías de cobro y al acceso a herramientas de apoyo técnico y financiero a través de Prolesa y Proleco. En ese marco, está prevista una reunión entre representantes de Conaprole y los productores para analizar los pasos a seguir. El cierre de Coleme marcó el fin de una institución emblemática para el departamento de Cerro Largo. Fundada en 1932, fue la cooperativa láctea más antigua del Uruguay y durante más de 90 años desempeñó un papel fundamental en el desarrollo económico y social de la región. Sin embargo, el desenlace fue el resultado de un prolongado proceso de deterioro productivo y financiero. La cooperativa llegó a contar con más de 70 productores remitentes, pero en los últimos años ese número se redujo drásticamente. Al momento del cierre, apenas 12 productores enviaban leche a la planta, con una recepción diaria cercana a los 6.500 litros, volumen insuficiente para sostener una estructura industrial con unos 30 trabajadores. A esto se sumaba una compleja situación financiera, con atrasos de aproximadamente seis meses en los pagos a los remitentes y una deuda superior a los 500 mil dólares. Paradójicamente, la empresa mantenía al día el pago de salarios, aportes patronales, servicios públicos y proveedores. Entre los factores que agravaron la crisis se encontraba la baja escala de producción y los efectos de la estacionalidad de la actividad lechera. Los excedentes generados en primavera debían destinarse a la elaboración de quesos, un producto con tiempos más extensos de maduración y comercialización, lo que dificultaba el flujo de caja de la cooperativa. Según fuentes del sector, la planta habría sido viable con una recepción diaria de entre 20.000 y 25.000 litros de leche, pero la reducción constante de la remisión terminó por hacer inviable la continuidad del emprendimiento. Incluso el año pasado existió una propuesta formal de un inversor argentino para adquirir la planta industrial, iniciativa que despertó expectativas pero que finalmente no llegó a concretarse. Ahora, la posibilidad de que una empresa láctea alquile las instalaciones aparece como una señal alentadora en medio de un escenario complejo, con la expectativa de preservar parte de la actividad y generar oportunidades laborales para algunos de los trabajadores afectados por el cierre de la histórica cooperativa melense.

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